Home

bow3

Opening up es un ensayo de la autora norteamericana Tristan Taormino publicado en Estados Unidos en 2008 y que acaba de aparecer en España a través de la editorial Melusina. Opening up se presenta como una guía para crear y mantener relaciones abiertas, una muestra de las pautas para una exploración ética de la afectividad y la sexualidad no convencionales. Junto con Ética promiscua, de Dossie Easton y Janet W. Hardy, se considera el manual fundamental de los estilos de vida no monógamos.

Marketing aparte, la premisa esencial (tal vez la que más me ha interesado del libro) es algo que podríamos llamar división emocional; la distinción entre amor, afecto-complicidad y sexualidad. Asumamos para empezar que son dimensiones que conviven en el interior de todos nosotros. Si analizamos nuestra inercia cultural, observaremos que la norma propone la perfección de encontrarlas todas unidas y dirigidas a una misma persona. Es cierto que esa norma ha cambiado y -afortunadamente- se ha flexibilizado (en lo que se refiere a la homosexualidad, por ejemplo, aunque sea algo aún en evolución y solo en algunos países) pero sigue rigiendo: lo perfecto es dar con alguien a quien amar, desear y querer de forma simultánea y única. Imagino que en la medida en que hemos aceptado esta regla durante nuestra vida al verla reflejada en nuestra familia y en los modelos sociales, seguiremos admitiendo que es una situación óptima. Sin embargo, ese sistema de valores no tiene soluciones para los muchos casos en los que el equilibrio emocional se rompe: si pervive el afecto pero el deseo se deteriora, o si la sexualidad sobrevive satisfactoriamente pero la afectividad se resiente, la única salida es aguantar ese desequilibrio o romper la pareja. Eso indica que culturalmente aceptamos que deben estar juntas, que si una de ellas se estropea habrá que usar las otras para compensarla… o liquidarlas todas a la vez.

Lo que yo he entendido del planteamiento poliamoroso es que puede partirse de una distinción de esas dimensiones: si podemos tener amigos por los que no sentimos deseos sexuales o conocer personas deseadas a las que no nos vincule una especial afectividad (y todos admitiríamos que esto ha sucedido en nuestra vida), no hay razones para rechazar que podamos también vivir situaciones emocionales más complejas con personas diferentes al mismo tiempo. Es decir, que resulta perfectamente posible sumar la afectividad a la sexualidad en grados distintos con más de una persona. Porque, entre otras cosas, la sexualidad puede ser diferente en función de quienes la practiquen del mismo modo que puede serlo su relación afectiva.

bow1

Si enfrentamos esto a los valores sociales encontraremos un rechazo total. Esta proposición tropezará con obstáculos religiosos, políticos y culturales por todos lados. Para la religión, porque su concepto de la sexualidad es reproductivo y su contexto único es la familia monógama. Para las instituciones sociales, porque las que regulan las relaciones interpersonales están muy definidas: existe el matrimonio y existen distintas reglamentaciones para parejas de hecho, pero nada más. Incluso si se tolera la libertad sexual (el adulterio se despenalizó hace tiempo, los divorcios no necesitan más que la voluntad de una de las partes…), lo que las leyes procuran es dar relieve a una fórmula que sigue siendo exclusiva: la pareja monógama. Y para los valores culturales, porque es muy poco probable que lleguemos a exponer estas cosas evitando que la respuesta inmediata sea la de tacharlas como actitudes simplemente promiscuas.

En realidad, lo más probable es eso mismo, que la mayor parte de la gente piense que lo sexual es el elemento determinante, es decir, que se trata de organizar un método para tener sexo sin obstáculos con varias personas. Pero, aunque eso forma parte de la realidad, ni es exactamente así (en ningún momento Taormino admite que el poliamor sea solo polisexualidad, y en todo el libro se insiste en que de hecho no debería ser simplemente de ese modo) ni puede entenderse sin dos factores muy importantes: que la sexualidad puede ser muy variada dentro de un mismo individuo y que en todo caso el poliamor debe ser siempre igualitario para todas las personas involucradas, de modo que nadie ignore la libertad de que dispone pero, especialmente, la libertad de que disponen los demás.

Si tengo que resumir lo que más me interesa de todo el libro lo haría así: por un lado, la sexualidad continúa siendo un misterio para la mayoría de la población, sujeta a prejuicios que ignoran su infinidad de componentes y la reducen a poco más de una mínima parte. Y por otro, que las propias emociones personales están categorizadas de una forma impuesta por reglas que creo, en la mayor parte de los casos, antinaturales. No digo que eso deba conducir al poliamor, ni que el poliamor sea definitivamente liberador o éticamente superior.

Las dos conclusiones me parecen válidas incluso para quienes quieran seguir encajando en el molde monogámico dictado por la cultura, la religión y la política (tampoco los países en que la poligamia es aceptada son más avanzados, en ellos lo está exclusivamente por razones de dominación sexista), y defendibles sin necesidad de acceder a la fórmula -por otra parte también política- de reivindicar el poliamor como una forma revolucionaria de relación que rechaza todo concepto de propiedad en las relaciones humanas: la pareja como ámbito de dominación, los celos como violencia autoritaria…

Para todo esto, entre otras cosas, sirve Opening up.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s