Home

Elefantes Rosas

La tumba de Serge Gainsbourg en el cementerio de Montparnasse de París está hecha una guarrada, o al menos lo estaba cuando la visité hace unos años. La gente deja flores y poemas, pero sobre todo deja colillas y billetes de metro usados. Las colillas son un homenaje a las cinco cajetillas de Gitanes que Gainsbourg presumía de fumarse a diario, los billetes suelen llevar mensajes diminutos que evocan su canción Le poinçonneur des Lilas, la historia de un pobre diablo que trabaja picando billetes en el metro, haciendo agujeros bajo tierra mientras sueña con escapar rumbo a las playas de Miami.

La de Gainsbourg no fue una vida monótona. Su familia, judía de origen ucraniano, escapó por los pelos de la persecución nazi. Gainsbourg desempeñó decenas de trabajos de mierda, fue encarcelado por desaparecer del cuartel en que prestaba su servicio militar, se ganó la vida como músico en cabarets y tugurios de París, se casó tres veces, tuvo cuatro hijos, fue amante de Brigitte Bardot, compuso canciones para ella y para Juliette Gréco, Petula Clark, France Gall, Françoise Hardy, Vanessa Paradis, Marianne Faithful, Catherine Deneuve, Anna Karina, Isabelle Adjani… También para Jane Birkin, que tal vez fue la persona que más amó y que lo abandonó cuando Gainsbourg se convirtió en Gainsbarre, el fumador alcohólico, melancólico y grotesco que acabó fulminado por un infarto.

Gainsbourg dirigió cuatro películas y apareció en más de 20, también publicó más de 20 discos. Propuso sexo a Whitney Houston en un programa de televisión, grabó una versión reggae de La Marsellesa que le valió amenazas de muerte y se vengó gastando 135.000 francos en una subasta para adquirir una partitura original del himno que terminó a) regalando al Partido Comunista francés o b) quemando con su mechero. Hizo cientos de bromas groseras, se rió de Bowie (al que llamaba Beau oui), compuso una canción sobre incesto que cantó a dúo con su hija Charlotte y fumó su último cigarro a los 63 años en una mañana de invierno de 1991.

L'Anamour

Todas estas cosas y unas cuantas más (la fuga con su primera novia Elisabeth, sus comas etílicos, el desgarro de perder a su musa Jane Birkin, su veneración por Boris Vian) están en Elefantes Rosas, la biografía de Gainsbourg escrita por Felipe Cabrerizo. Son 389 páginas de recorrido por la vida de un personaje al que Javier Rebollo describe de forma alucinada en el prólogo como impertinente lírico alcohólico generoso irónico seductor follador y fumador irreverente vunerable e irrompible (en realidad hay unas cinco páginas más de adjetivos incluyendo ruso, marica, erótico, aventurero, kitsch, flaco, vago, laico o caballeroso), y que el autor analiza con mitades calculadas de dureza y admiración. La biografía de Gainsbourg no podría nunca escribirse sin parecer una novela, porque Gainsbourg nunca pudo vivir sino como un personaje literario. Y desde luego Cabrerizo no ha querido escribir una novela sobre la vida de Gainsbourg pero el resultado parece igualmente una ficción; exceso, frivolidad, drama y sus canciones dibujadas en los cientos de ceniceros que dejó llenos a su paso.

Felipe Cabrerizo (San Sebastián, 1973) es el realizador de Psycho Beat!, programa radiofónico de culto dedicado al mejor beat y pop sesentero -en el que nunca se escucha un tema anglosajón, y en el que Gainsbourg es siempre protagonista-. En compañía de Santiago Aguilar ha publicado Vittorio de Sica (2015), Un bigote para dos, el eslabón perdido de la comedia cinematográfica española (2015, acompañado por la recuperación de la película de 1940 perpetrada por Tono y Miguel Mihura) y un doble volumen titulado La Codorniz en cinta: del humorismo al cine y vuelta. También ha publicado dos volúmenes sobre cine de los años treinta, La Atenas militarizada (2007) y Tiempo de mitos (2008). Elefantes Rosas es su final homenaje a Gainsbourg, un libro editado por Expediciones Polares con una preciosa portada de Laszlito Kovacs que podéis hacer vuestro por 22,50€ o robar si sois lo bastante hábiles… en la presentación del libro celebrada el pasado viernes día 8 de enero en la librería Garoa de San Sebastián tenían varios ejemplares sin vigilar, aunque no fui capaz de llevarme uno. Gainsbourg probablemente lo hubiera hecho.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s