Home

Old Records

Puede que el disco de vinilo no sea la mejor manera de escuchar música, puede que esa perfección de sonido sea un mito y en realidad el cd no estuviera tan mal en comparación. En realidad nunca conocí a nadie que pudiera demostrarme de forma clara qué diferencias existen entre uno y otro ni si, de haberlas, se debían solo al formato y no al hecho de que tu amplificador pueda ser una porquería o que tus altavoces estén mal colocados. Pero lo que sí es cierto es que el disco de vinilo es la mejor manera de comprar música. Hoy hay que trazar esa línea porque la música solo se divide en dos grupos: la que se compra y la que no. En realidad es la misma música, y la auténtica división afecta a quienes la escuchan: los que la compran y los que no.

Eric Spitznagel pertenecía al primer grupo, hasta que cayó en el mismo engaño que casi todos y se deshizo de su colección de vinilos. Eriz Spitznagel tiene más de cuarenta años y puede acordarse del día en que los discos de vinilo se esfumaron para dejar paso a los discos compactos y se volvieron de golpe cosas inútiles. Eso pasó en la década de los noventa, que fueron diez años terribles para la música en los que no ocurrió casi nada bueno. Yo también vendí montones de vinilos en los noventa, hasta que un día reparé en que terminaba volviéndolos a comprar en formato compacto y tuve que rendirme a la evidencia de que la industria discográfica nos había estafado a todos; sacabas la cuenta de cuánto habías gastado en cada título y solo podías admirar a los genios que habían logrado que consumieras el mismo producto dos veces… pagando el doble.

Aquí llega el momento en que te planteas recuperar tus discos de vinilo, convencido de que es la forma de restaurar el daño y recobrar la música que perdiste en esa turbia jugada multinacional. Pasas por alto el detalle de que al final vas a comprarte por tercera vez el mismo disco, no quieres estropearlo admitiendo que te la han vuelto a meter doblada reeditándolo todo a doblón, te concentras en que es un viaje de regreso a la música tal y como la conociste.

Spitznagel tiene una excusa mejor. Se le supone capacidad para inventarse una realmente buena, porque Spiznagel es crítico musical y los críticos musicales siempre se inventan cosas. Spitznagel pretexta su reencuentro con los viejos vinilos en una regresión emocional a su juventud y escribe una novela sobre ese reencuentro. La novela la adquiere Penguin, se vende bien y Spitznagel puede costearse la recuperación, disco a disco, de su colección perdida. Tú, en cambio, vuelves a pedir “Hallowed Ground” de Violent Femmes en Discogs pagando religiosamente y terminas comprando también la novela de Spitznagel. Admítelo, van a tomarte el pelo hasta el fin de tus días.

Spitznagel

Old records never die” es un título sencillamente feo. Tiene un prólogo de Jeff Tweedy y alguna otra cosa que nos saltaremos (no quiero detenerme en esa absurda definición como un cruce entre Alta Fidelidad de Hornby y Pégate un tiro para sobrevivir de Chuck Klosterman). Y es una historia emotiva sobre un crítico musical que de pronto repara en el valor del vinilo como objeto, como fetiche que contiene música pero que además la representa, como imán de emociones o de momentos que se quedan adheridos a él incluso físicamente. Spitznagel añora el disco de Bon Jovi que tenía exclusivamente para impresionar a una chica de su clase y en cuya portada ella le anotó su teléfono. Añora la copia de “The flowers of romance” de P.I.L. que recibió como regalo de Navidad y que su familia en pleno le pidió que quitara al escucharlo, se empeña en recuperar el mismo ejemplar de “The stranger” de Billy Joel que compró con 13 años, persigue “Alive II” de Kiss y “Let it be” de los Replacements guiándose del olor de su vieja habitación. Y termina resultando como un tierno freak en plena crisis de madurez que revolotea por tiendas de discos de su ciudad chocando con dependientes tatuados a los que dobla en edad bajo la mirada compasiva de su mujer o la simple incredulidad de su hijo, hilando historias personales pegadas a cada disco que busca y componiendo una breve autobiografía emocional en menos de 300 páginas.

Sin duda os la recomiendo, aunque “Old records never die” no está -de momento- traducida al castellano ni editada en España. Es como las giras de los grupos que querías ver hace 20 años, que nunca pasaban por aquí. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s