Home

Hay que tener mucho cuidado con las fajas de los libros. Escribir reseñas para fajas es todo un género en sí mismo; yo sospecho que hay profesionales de la faja combinando trucos de marketing con técnica literaria y un caché que debe entrar en el presupuesto de las editoriales. La de Memorial Device está firmada por Kim Gordon (Sonic Youth) y es tan enigmática como engañosa: me gustaría vivir en este libro.

Nunca tenemos suficiente información sobre la realidad tras el punchline de una faja; Kim Gordon podría querer decir que viviría para siempre en el mundo descrito por David Keenan en su libro o que quisiera pasar el suficiente tiempo en él para aniquilar a todos los personajes. Los de Memorial Device pueden parecerse tanto a lo que Kim Gordon recuerda de sí misma como para inclinarnos por la primera opción, pero incluso así la cita sigue siendo incierta.

Keenan ha escrito un libro de historia oral, aunque el suyo no se parece a ningún otro. Primero, porque su historia es ficticia. Y sobre todo, porque al escoger un grupo inexistente que jamás obtuvo verdadero éxito, su objetivo no es iluminar la trastienda de una carrera musical o el retrato de una escena sino el más íntimo de los personajes que sitúa en ella. Memorial Device es un libro de entrevistas a un puñado de personas que, en los lejanos años ochenta, formaron un grupo postpunk en su pequeño pueblo al este de Glasgow. Nunca llegamos a saber demasiado sobre ese grupo ni sobre su música, porque Keenan apenas lo quiere como el contexto de lo que realmente va a contar: la vida más bien decepcionante de sus miembros. Cada capítulo es una especie de confesión personal de gente que recuerda los años en que Kim Gordon hubiera querido vivir entre ellos, los de una juventud que se ha esfumado incumpliendo cualquier promesa que pudiera haber hecho. Sí, hay actuaciones, ensayos, maquetas y hasta un viaje a Londres en primera clase para firmar un contrato. Pero todo se disipa entre historias y monólogos que regresan a un pasado gris que no terminó de iluminarse.

La mejor virtud de Memorial Device es tal vez la de servirse del pretexto narrativo elegido por Keenan para presentar algo que más bien parece una parodia de los libros de historia oral, alterando todas sus premisas habituales: un grupo que nadie recuerda, un entorno minúsculo (el pueblo  de Airdrie) que se agranda para terminar engullendo la historia y el reverso de los protagonistas que, en realidad, no lo fueron de casi nada. Y es la ternura -e incluso la tristeza- que acompaña a cada uno de esos personajes lo que termina dando relieve a tantas historias paralelas como coinciden en el texto; se hace difícil cerrar la novela sin la sensación de haberla recorrido en fragmentos superpuestos, incluso desordenados. No es un verdadero inconveniente desde el momento en que Keenan es capaz de sacar astillas poderosas en casi cada página, pero definitivamente sí es la razón por la que los lectores de La Chica del Grupo deben quedar advertidos del riesgo de encontrarse con que Kim Gordon, esta vez, los ha invitado a un lugar bastante extraño.

Memorial Device está editada por Sexto Piso, con traducción de Juan Cárdenas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s