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Tomarse en serio es una de las peores cosas que puede hacer un artista. No importa qué mensaje quieras introducirle en el cráneo al público; incluso si es algo importante, mejor toma alguna distancia. De lo contrario acabarás convertido en un pesado, perderás todo tu sentido del humor y, cuando ya no te quede ninguno, simplemente dejarás de ser un artista. ¿Recuerdas a Bono en su época de superhéroe de la bandera blanca?… durante los 90 tuvo que inflarse a hacer el payaso para compensarlo.

La música de los años 80 no se distinguía por el peso de sus mensajes. Excepto la fiebre solidaria de los conciertos benéficos por África, coincidiremos en que fue un tiempo de frivolidad, hombreras y plástico de colores. Todo era espectáculo, videoclips impactantes y actuaciones en televisión con playback y niebla artificial. Una gran fiesta, hueca como un globo.

Sigue Sigue Sputnik fueron el grupo más cínico de toda la década. Sencillamente por elevar todo aquello a la enésima potencia y convertirlo en un show absurdo. Crestas postizas, kilos de maquillaje, vestuario inverosímil, pop-punk-glam-tecno-new wave con estribillos mínimos… un producto diseñado con toneladas de ironía. La tercera generación del rock n’ roll aludía en su título a la banda terrorista alemana Fracción del Ejército Rojo (RAF), su logo incorporaba la siniestra doble S con otra de regalo y una estrella roja, sus vídeos alternaban la estética futurista de Blade Runner con imágenes de guerras y violencia. Sigue Sigue Sputnik eran una especie de grupo teatral gamberro interpretando el papel de superestrellas, personajes de dibujos animados japoneses cantando canciones sobre lujo, vicio, hiperconsumismo y rock n’ roll, parodias andantes de Marc Bolan, de Elvis y Bowie y Sex Pistols. El único problema es que nadie pilló el chiste.

Sigue Sigue Sputnik recibieron algunas de las críticas más agresivas que puedan imaginarse: por plagiar a Suicide, por frivolizar con la amenaza nuclear, por cantar sobre transexuales mutantes, por incluir anuncios publicitarios de revistas de moda en su primer disco, por cualquier cosa. Los medios se tomaban tan en serio la inmensa nada en que vivían que creyeron que Sigue Sigue Sputnik también eran de verdad y se estaban dando demasiada importancia. 

Aunque gracias a eso, 21st Century Boy suena aún tan tontamente divertida como entonces. Que Mario Vaquerizo siga sin captarlo solo confirma que el chiste era realmente bueno.

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