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Camino Soria” fue el tercer disco de Gabinete Caligari, el primero que grabaron para una compañía multinacional (EMI) y el que convirtió a la banda en una celebridad. De todo eso hace ya treinta años, excusa suficiente para reeditarlo y celebrarlo, además, con un libro. La reedición se lanza este mes de marzo y el libro la acompaña con la firma de Edi Clavo, batería del grupo, en la editorial Contra.

Camino Soria” no trata sobre la Movida ni sobre la escena ni es, afortunadamente, otro chasco confuso de historia oral. Es un libro sobre un disco, sobre todo lo que hay por delante, en derredor y por detrás de un disco. O sobre lo que había hace tres décadas, cuando las canciones se escuchaban en la radio y se vendían en las tiendas en vez de flotar por cualquier lado convertidas en fantasmas digitales. Es un libro sobre ensayos, sobre maquetas, sobre firmar contratos para encerrarse en un estudio y pasar semanas grabando pistas en una pecera, sobre viajes de resaca en coche para sacar fotografías tras noches de juerga o noches en blanco. Tiene final feliz porque el disco sale a la venta y se convierte en un éxito que hace ricos a los autores, pero eso es lo de menos; de no haber sido así no tendríamos libro.

Gabinete Caligari siempre tuvieron fama de chulos y sería una pena que tantos años después Edi Clavo la tirara por la borda haciendo un libro cursi, por nostálgico o por amable. Ni una cosa ni la otra, “Camino Soria” está lleno de pullas a los contemporáneos de entonces, ya sean músicos, críticos o periodistas, y la revisión de aquel tiempo feliz -según se mire- es serena hasta lo severo. Clavo tiene un estilo altanero y algo redicho, pero venga, esto es un “cómo lo petamos cuando fuimos los mejores” y no una guía del músico modesto.

A “Camino Soria” -y hablo ahora del disco- hay que agradecerle unas cuantas cosas: la elegancia de las canciones, el lujo del sonido y el logro, sobre todo, de hacer música pop en español casando toda la herencia inglesa (que en el disco es más que notable, con los Beatles y los Kinks a la cabeza) con un sentido auténtico de lo latino. En “Camino Soria” hay swing, bossa nova, country, soul, pasodoble y pop de raíces sesenteras… todo junto, empaquetado con mimo y gusto. Podría ser el mejor disco grabado en los años 80 en España; vendió casi 300.000 copias -algo que ahora sería un milagro- cargando con canciones de desamor, historias de desgraciaos y amigos que se van, mujeres fatales, escapadas a Soria para lamerse las heridas, homenajes a Bécquer y a Machado. Echo cuentas y no me salen muchos discos que se le comparen.

En el libro de Clavo, cada rasgo del disco tiene una explicación y una historia que salta de la plaza de toros de las Ventas a la barra de un bar de Soria, que pasa por desangelados estudios de radio o platós de televisión con máquina de humo y playback de rigor, atravesando todos los rincones de un negocio que en 1988 aún tenía algo de lógica artística hasta llegar al tocadiscos del respetable, donde debería seguir sonando.

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