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De acuerdo con el Antiguo Testamento, el trabajo es un castigo de Dios por el asunto de la manzana. El Edén era un paraíso autosuficiente en el que no había que hacer nada, pero ofender al dueño nos obligó a encargarnos del mantenimiento por los siglos de los siglos. Transcurrido todo este tiempo, creo que Dios debería considerar poner fin al castigo; o nos dispensa de trabajar o pronto meteremos nuestras excavadoras también en su Edén. Hicimos todo lo que nos dijo: crecimos, nos multiplicamos, dominamos a las bestias de la tierra (ya nos hemos comido a la mayoría) y trabajando obtuvimos logros como el de pisar la Luna… ¿no es una advertencia que nuestro mejor trabajo hasta la fecha sea el primer intento de marcharnos de aquí?… ¿o necesita Dios que le hagamos un dibujo? El trabajo no nos ha dignificado mucho, no nos ha hecho libres, no nos ha realizado en ningún sentido en que no pueda realizarnos un día de vacaciones al sol. Pero el rencor de Dios nos mantiene atados a relojes despertador, consume nuestra salud y nos empeora como personas. La avaricia tendría los días contados si nadie pudiera aprovecharse del trabajo de otro. Y la avaricia es un pecado capital. La pereza tampoco importaría si no hubiera que trabajar. Puedo explicar esto mismo sobre los cinco pecados restantes.

Lo único bueno que nos ha dado el trabajo son canciones como esta. “Sixteen Tons” también está bien.

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